Nadie me quiere, por Juan José Bustamante

Frente a la cámara Fanny Fink se describe a sí misma de  la  manera más honesta que puede. La congruencia de sus palabras  con el lenguaje no verbal, así como su manera de vestir no dejan lugar a duda sobre su sufrimiento. Trae cargando lo mortecino y lo muestra  a través de los objetos que  la representan e interiormente  a sus equivalentes emocionales, la tristeza, la desesperanza, la vergüenza, la baja autoestima, la sensación de abandono, el resentimiento y la convicción de que a ella nadie la quiere. En contraste, muestra elementos vitales  como la autosuficiencia,  la reflexión, la búsqueda de sentido, la capacidad creativa,  cierta disciplina y un deseo de cambiar. Hasta ese momento,  a sus 30 años la búsqueda es desesperada e infructuosa pues insiste en encontrar sentido fuera de ella misma sometiéndose a fórmulas estratégicas  y a sistemas de creencias que considera les funcionan a otros. En la escena de la iglesia pidiendo lo que considera un derecho como el hallar una pareja, nos muestra el nivel de expresión de sus necesidades,  fundamentalmente materiales,  reflejando  no solo sus necesidades individuales, sino también los de la sociedad alemana durante la guerra fría y después de la caída del Muro de Berlín.
La petición se la hace  a un esqueleto que representa a Cristo bañado en oro y piedras. La persistencia de los elementos mortecinos como elemento de fondo, incluyendo el taller sobre como aprender a morir describen las ideas que la directora transmite sobre la Alemania  reunificada después del holocausto y de la guerra. Millones de muertos como consecuencia de una idolatría autoritaria, compartida, la persiguen y la alcanzan. La película pretende reparar, perdonar y  transformar la imagen de Alemania a través de éste personaje femenino en relación con los otros.
Es emblemático el edificio frío, de concreto, en el que viven hacinados personajes de distintos países, distintas culturas, tal y como una torre de Babel en la que estando tan cerca unos de otros su convivencia y comunicación es nula. La transculturización como un fenómeno en el que todos tienen que vivir encerrados, con miedo del otro y vivendo en los  pequeños espacios que la modernidad les determina. Ésta Alemania personificada por Fanny  es habitada por migrantes en su mayoría, y surge nuevamente la tentación racista y segregatoria  pero ahora en aras del progreso material  y de esas condiciones económicas que exige la modernidad personificadas por Lothard, el casero, hombre blanco, práctico, oportunista, seductor y dispuesto a pasar por sobre quién sea con tal de mantener su estatus.
Todo un ejemplo ó la reminiscencia de la idolatría autoritaria pero “modernizada”. Se sobrevalora la importancia de la máquina como un símbolo de superioridad y  se siente el desprecio por todos aquellos personajes que son parte de la realidad y aunque regalen rosas e intenten mostrarse amables,  lo que le importa es quedar bien con su jefe (la empresa) y el único sitio donde se siente protegido es dentro de la máquina. Este hombre moderno es un hombre atemorizado de la humano, del otro, dependiente e  incapaz de estar solo y también perseguido por sus propios fantasmas.
Es preciso pasar al personaje movilizador de la historia, la elección por parte de Dorrié del antihéroe, el otro, el extranjero, el emigrante, negro, extraño, diferente, y poseedor de un saber que asusta; el personaje que sustenta una fuerza, una energía que emana del cuerpo mismo como un ser mítico animal, hombre, el mismo dios.  Rompe las reglas; su vitalidad parece surgir de su origen, de lo original,  el sonido de los tambores son como su reververancia a los latidos cardíacos que se perciben desde su centro,  desde su madre misma, y los hace llegar a los oídos, a los ojos de todos los que forman la realidad social. El personaje  menciona en una ocasión a su madre como originaria de Berlín y se hace llamar Orfeo, legendario rey de un territorio cercano Pieira, Tracia, Monte Olimpo. Él es el poeta, el músico y cantor más extraordinario de la mitología griega. Su canto, al son de la cítara ó la lira, ejerce un influjo maravilloso; endulza a los hombres, amansa a las fieras, hace incluso doblarse a los árboles. El episodio más célebre de su leyenda es su descenso al Hades en la búsqueda de su esposa Eurídice. La leyenda más popular dice que fue muerto por las mujeres tracias, humilladas por la fidelidad que guardaba a su esposa.
El encuentro de Fanny y Orfeo en el elevador desvencijado del edificio dónde viven y tras la descompostura de la máquina que asusta a Fanny, así como la cercanía del extraño y su impotencia  de repararlo, promueve el valor que tiene el asombro  tras observar  la manera con que Orfeo resuelve, como mago, tanto el problema mecánico como el monto de su miedo a través  de sus recursos,  conocimiento arraigado en sus raíces culturales. Se presenta entonces como el adivino. Es entonces el inicio de un vínculo que sorprende, es un proceso que parte de dos necesidades, una emocional de Fanny y la otra económica de Orfeo. Aparece el dinero como una forma de relación que va  transformándose  llegando a compartir experiencias de profunda intimidad que dejan al descubierto el sufrimiento de Orfeo por la gravedad de su enfermedad  y la proximidad de la muerte. Este vínculo moviliza lo específicamente humano, el espectro emocional se pone en juego, el interés genuino, la ternura, la solidaridad y el amor permean las paredes del derruido y olvidado edificio de la historia así como las vidas de sus moradores.
Hay un despertar, como la semilla de la fraternidad a pesar del entorno globalizado y vacío consecuencia de la presión del sistema para sacarlos de lo único que tienen utilizando al nuevo administrador coludido con su ideología de progreso económico.   La visión de  una sociedad en la que el culto por lo mortecino  es una manera de vivir y adaptarse  es humorísticamente lograda por la directora, por ejemplo en  las relaciones interpersonales en las que los vínculos afectivos están excluidos dando lugar por ejemplo a la sexualidad como objeto de consumo  y la amistad como una relación de explotación.
Volviendo a los personajes centrales, no deja uno de preguntarse sobre la influencia de la historia personal en el origen de la desesperanza de Fanny. Hasta donde sabemos no conoció a su padre y de su madre podemos observar a una mujer insatisfecha, enojada, centrada exclusivamente en ella misma;  aún y cuando parece estar interesada en su hija pues parece agobiada por su soledad, le reprocha  sus actitudes hacia la vida;   solamente la observa desde su perspectiva, incapaz de escucharla, es un reducto de la misma sociedad de su época, utilitaria, incapaz de aceptar la crítica.  Así Fanny, no puede más que encontrarse ante una paradoja, nadie la quiere, pues es lo que ha sentido a través de su vida en la relación con su madre y por otro lado la alternativa de pretender “ser querida” a través de una solución cosificada. La relación con un otro que no beba, no fume, tenga un trabajo estable, un auto y por supuesto su propia casa. Visión de la época propuesta como solución de la existencia.
La relación con Orfeo se plantea como una alternativa de esa paradoja, siendo la muerte de Orfeo un evento inexorable a corto plazo, la mirada y la experiencia emocional entre ambos logra desdecir el título del filme. Orfeo tampoco se sentía querido por nadie, pero su identidad fincada en sus raíces culturales lo  sostenía. Su concepción de vida y muerte cobró sentido, dio el significado  compartido. En algún lugar del universo, de donde provenía, lo esperaban sus hermanos. Su muerte, desaparición misteriosa, se tornó en un acontecimiento unificador. Fanny pudo encumbrar sus tendencias negrófilas y ocupándose solidariamente del bien morir de Orfeo, quién contribuyó en su transformación a través de la experiencia intersubjetiva.  Paradójicamente la muerte es para Fanny la verdadera experiencia vital,  la experiencia de haber sido mirada de manera diferente, extraña y genuina. Solo así, aprendió a reconocerse en los demás y a gozar  de su presencia en el mundo.
La música  sutilmente escogida, con temas de  autores e intérpretes mujeres de varios lugares del mundo, acompasan armónicamente los elementos centrales de la película tal y como son la condición amorosa, la convicción del enamoramiento, el amor por la vida y el perdón.

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