La voz de la luna, por Patricia González Duarte
“El camino a todas las cosas grandes pasa por el silencio”
Friedrich Nietzsche
“Se necesitan dos años para aprender a hablar
y sesenta para aprender a callar”
Ernest Hemingway

 

La película de Fellini no es convencional. Cada escena ofrece un rico material para la discusión, las frases provenientes de un poema hacen que sea insólita, inquietante y misteriosa; todos los personajes principales tienen su locura. De manera constante nos lleva por escenarios contradictorios, sean de noches y días, presente y pasado, realidad y delirio; son frecuentes las entradas y salidas de sus mundos y recuerdos secretos y privados; siempre acompañados de  aceleradas aglomeraciones en plazas públicas, embotellamientos de tránsito, aparadores, centros comerciales, fiestas tradicionales, o juveniles aisladas con su DJ, restaurantes, cafecitos tradicionales y el local de comida rápida, entre otros.

El director nos presenta a un poblado vivo en su cotidianidad, aparecen diferentes trabajadores: vendedores ambulantes ruidosos de ropa y, en contraste con migrantes africanos que son desesperados vendedores pobres, los cargadores de esculturas religiosas y el cartel de Da Vinci anunciando seguros, obreros que manejan grúas y trabajan el asfalto, las fábricas, los estruendosos cuetes festivos; todo esto conforma los diferentes indicadores del arribo de la modernidad con su contaminación auditiva y visual al servicio del consumo

Quizá Fellini, en una especie de profecía visual nos muestra la forma en que las sociedades se experimentan a sí mismas ante la llegada de la modernidad, específicamente Gonella quien como el Quijote lucha y se opone a que las tradiciones se pierdan, no quiere que el porvenir reemplace al pasado, no quiere cambiar las reglas del juego de la vida social, no quiere contagiarse de la vejez.

La modernidad tecnológica creada como una necesidad por la publicidad se presenta en la actualidad como un choque, con cambios tan rápidos que no dan tiempo para hacer una transición; nuestra celeridad mental no alcanza a comprender la vida nueva; su asimilación se instala aún antes de que las personas se puedan adecuar a ella y este es el reto más serio, según me dijeron, de las personas que nacimos del 75 del siglo pasado para atrás.

Por otra parte; si no se logra la pronta adecuación se corre con el riesgo de ser considerado un analfabeto, un inválido o un obsoleto de la tecnología: todo esto según desde donde se mire tal perspectiva, la tecnología está hecha  para ser usada racionalmente por el ser humano y evitar ser esclavos o tragados por la máquina por más pequeña y plana que ésta sea.

En la película llama la atención una escena voyerista en que los jóvenes se excitan y hacen negocios viendo a una mujer real hacer un desnudo parcial, en la sala de su casa donde está ubicado también un televisor sin señal; este efímero entretenimiento travieso de los jóvenes es la debilidad que permitirá a través de la publicidad crear la falsa necesidad de tener televisión en el hogar y a un nivel mayor una cadena de televisión propia que será el orgullo de la población.

Así es como se pudo transmitir en vivo la fiesta de los gñoquis, la coronación de Mis Harina, sobre todo la captura de la luna, y se hicieron entrevistas con respuestas enredadas, incomprensibles, manipuladas con representantes de la política, la religión, la sociedad civil y los empresarios.

La cinta nos ubica en 1989 y éste, se conoce como el “año de los milagros” a 20 años hay mucho que conmemorar y lamentar: desde la caída del Muro de Berlín, a los muertos por la invasión de los Estados Unidos de América a Panamá, o la masacre de la Plaza de Tian’anmen, que evoca la imagen del joven rebelde el gran desconocido, que por un tiempo detuvo una columna de tanques de guerra del ejército chino; también, nacieron nuevos países separados de lo que era la URSS ; se inaugura La pirámide, del museo del Louvre, el Dalai Lama recibe el premio Novel de la Paz ; e Italia se preparaba para el mundial de futbol.

Todas estas noticias recorrieron el mundo en instantes y fueron presentadas en tiempo real gracias a la magia de las telecomunicaciones. Esta información televisada es una de tantas formas en que se da a conocer la realidad, en que las imágenes se aceptan como reales y se consideran importantes; solo aquellos acontecimientos que las cámaras deciden mostrar.

Siempre habrá un sesgo en la información debido a los intereses creados por quienes manejan el negocio de la TV y entre los que compiten por ganar auditorio: así los hechos se presentan editados y los medios eligen los acontecimientos a cubrir y el modo en que se presentan o jerarquizan; es decir, los productores, directores y dueños de las televisoras deciden cuales son los acontecimientos trascendentes del mundo.

Las noticias de 1989 dejaron a los televidentes sorprendidos, por un lado se unificaban las Alemanias, se separan las naciones que formaban la Rusia socialista y se recupera la paz. Por otro se invaden países, se vuelve a matar a la población civil y a estudiantes, pero también se producía un choque estético–visual; se instalaba la pirámide de cristal moderna junto a un recinto de la arquitectura francesa clásica; además vendría el futbol al ser el espectáculo mundial que, junto con las olimpiadas, deja a las televisoras la mayor derrama económica. Las noticias televisadas, las imágenes con voces requieren de un mayor tiempo personal, emocional e intelectual  para ser elaboradas antes de provocar, ansiedad, frustración y tristeza.

Justo esta película esta realizada con la colaboración de la RAI , cadena de televisión estatal italiana, que ha estado recibiendo ataques de parte de un alto personaje de la política y que a su vez es uno de los principales dueños de los medios de comunicación masiva en Europa.

Fellini hace alusión a ello cuando en el restaurante un conductor entrevista al dueño de la cadena televisiva, cuyo nombre corresponde a las iniciales de los nombres de su esposa e hijas; con ello hace un retrato de la sociedad de consumo con su pobreza espiritual, la TV es compañera de la soledad, la terapeuta masiva, la creadora de ilusiones falsas, pero sobre todo la modeladora de una identidad basada en el culto de la imagen, la individualidad, la marca y el consumo.

En el mundo la TV es el pasatiempo más popular, así lo indica esa toma fotográfica de las antenas de televisión por todas las azoteas; la televisión ejerce en las personas una atracción psicológica, los atrapa pasivamente y se convierte en un miembro más de la familia, ha sido llamada “la nana electrónica” y esto queda muy bien de manifiesto cuando las sobrinas de Salvini no participan de un saludo y cena familiar; están atentas a la TV y los padres cansados y preocupados se los permiten, ésta escena de niñas y padres, tiene correspondencia con la realidad actual.

En sentido estricto la TV, no es un medio de comunicación, no hay un intercambio entre emisor y receptor, en la TV hay una emisión unidireccional de mensajes informativos, educativos o de entretenimiento sin posibilidad de respuesta y por lo tanto se fomentan las actitudes pasivo-receptivas. La TV y sus contenidos van directo a las familias y éstas se someten al bombardeo de mensajes, lo que los niños y los adultos ven es lo que los propietarios de los medios comunican a través de la publicidad; por ejemplo, los niños han cambiado su lenguaje y en lugar de decir “yo quiero” dicen “cómprame o dame”.

Algunas escenas que hemos visto, han resultado ser un buen pretexto para recordar que la tecnología de las telecomunicaciones gracias a la publicidad y a las necesidades creadas, tienen una potente capacidad para entrometerse en nuestro espacio íntimo e influir en nuestras vidas; los falsos valores que transmite están relacionados con el poder, el éxito, la belleza y la salud entre otros más, todos ellos valores transitorios, débiles y superficiales que debilitan la capacidad de autocrítica.

Por otro lado, el hombre moderno “el que está siempre conectado” tiene un referente espacio temporal efímero y frágil, se instaura en la cultura del instante; en el caso de las televisoras, sus comerciales y su programación guían una serie de conductas encadenadas por ejemplo: “hacer para tener (trabajo y dinero), tener para consumir -consumir más para tener una mejor imagen- (falsa identidad), tener una mejor imagen para tener más”.

Y aunque en la película tres hermanos en su delirio logran atrapar a la luna, no es más que una muestra del deseo loco del hombre de querer tener siempre algo más, grandioso, fuera de la tierra, expansivo y diferente, poseer parte del universo exterior; y el colmo resulta ser cuando la luna tiene que interrumpir su diálogo privado con Salvini para llamar a la publicidad de la que ha quedado influenciada  hasta allá arriba.

Por lo tanto la publicidad con sus mensajes intencionales podría ser considerada el último y más sofisticado mecanismo de control social, la libertad como un derecho humano sigue siendo orientada a la libertad de poseer y consumir y no a la libertad de Ser.

Pasando a la música, el director nos lleva por sonidos que al principio son inadvertidos, casi no se escuchan, después llegan y logran su clímax y luego desaparecen suavemente de nuestro campo auditivo, como el caso del vals; así también sucede con la voz de la luna al principio, cuando se escucha aún antes de que aparezcan los créditos; una de las escenas más conmovedoras es ver al maestro concertista de oboe, renunciar a él y enterrarlo dentro del cementerio, “porque no quiere guardar silencio, porque la música no cumple lo que promete cuando se escucha, que es proporcionar alegría y paz; y porque cuando se toca  mueve las cosas.”

Después de un gran escape y una larga conversación; Gonella y Salvini llegan a una vieja construcción, un espacio alejado del pueblo, en que se encuentran los jóvenes, ahí un DJ, ubicado en un lugar desde donde todo se domina, elije la música que ha de tocarse y bailarse, el DJ pareciera ser el tótem y la pista de baile el campo ritual donde por mucho tiempo se reúnen para bailar, mas bien dicho sin dejar de moverse, como si se encontraran atrapadas en una condición de éxtasis o de trance que recuerda las danzas primitivas.

En su enojo Gonella presupone que éstos jóvenes son sus enemigos, dice que “son muchos y uno mismo”, cuando toma el micrófono les pide desesperadamente que “se identifiquen” y provoca una riña. Son sus enemigos porque la comercialización de la música y su publicidad tiene como mayor público captado a los jóvenes a quienes va dirigida y a través de ellos es como se impone la modernidad en esa sociedad fílmica.

Estos jóvenes robots, que no se “identifican” en su euforia de bailar y escuchar a Michael Jackson con la canción La forma en que me haces sentir; ésta díada formada por jóvenes y cantantes aparentemente exitosos y populares son un típico ejemplo de la comercialización y masificación de la música, esta nueva música ha tenido que ser simple, comprensible, con una melodía que todos pudieran recordar y retener, en este sentido la radio y las grabaciones comerciales ayudan a ello.

Actualmente la forma de escuchar música está más accesible a los oídos de cualquiera y se escucha por más tiempo, el promedio de horas de escuchar música por cada individuo es alto, ahora además de la radio; está en la computadora, el Iphone y el teléfono gracias a que se “baja, se clona, se descarga, se quema o se envía por medio de un enlace etc.”

Son estos aparatos una alternativa cuando se deja de ir a conciertos de música viva con “oyentes selectos”, salvo algunos géneros musicales, muy pero muy modernos, la música desde todos los tiempos ha tenido efectos terapéuticos y provoca estados mentales emocionales agradables y alegres; a veces la música se lleva por dentro como en el caso de las mujeres negras que caminan cadenciosamente por el campo y que luego de terminar sus labore hacen música con lo que tienen; es decir sus manos. Por cierto, en 1989 se llevó a cabo la primera manifestación antirracista en la historia de Italia.

Para Gonella la música moderna era ruidosa y probablemente le parecía con mala calidad armónica, le causó más confusión mental, le debilitó su sensibilidad y su energía agredió a los DJ, les llamó “asesinos de la música”, protestó porque “la música no es como antes, porque no hay violines, porque el mundo se viene abajo” pero también protestó porque él no lo comprende y porque no quiere darse cuenta, de que la nueva cultura suplanta a la vieja cultura, de que a pesar de no juntarse con sus iguales, ya es viejo y lo echan fuera, ya no entiende las cosas nuevas que llegaron, la brecha generacional, para él, se ha convertido en un barranco.

Siguió protestando en su desesperación por retener el pasado, “bailar no es como antes, como un encaje, un vuelo, como ver la armonía de las estrellas, es una declaración de amor es un himno a la vida”. En contraste surge otra de las escenas más bonitas plásticamente hablando, baila un vals en el centro de la pista y los jóvenes a su vez rodean a la pareja de edad, se quedan paralizados, pero ahora con unos ojos juveniles bien abiertos y curiosos que ven algo tan extraño y tan alejado de su realidad, pero estéticamente armonioso con la música: los cuerpos, el ritmo, los movimientos, la elegancia, las miradas, la postura, la sensualidad, la vitalidad con que se baila, hacen que a Gonella le resurjan las fuerzas para seguir su camino y ya no lo vemos más.

Fellini muestra una visión desilusionada del mundo contemporáneo, la TV, la sociedad del espectáculo y de la información, así como la mercadotecnia y el consumismo, habían llenado de ruido la vida del pueblo representado en esta película, nos llevará a concluir que solo estando locos se puede vivir así: enajenados, sin comprender el entorno y sin estar con los demás; nuestros personajes en su locura se rebelan a ello.

También, con las últimas palabras de Salvini el director nos recuerda el remedio, es decir ante la agitada vida moderna, ensordecedora, contaminada y sobre poblada propone que “Si todos hacemos un momento de silencio quizá podamos comprender”.

Necesitamos silencio para escucharnos, a nosotros mismos y a los demás, silencios que comunican algo, necesitamos silencio para escuchar la risa de los niños, el ritmo de nuestro corazón y a la naturaleza. Del silencio nace la creatividad, el silencio en la música es una pausa, y también es un espacio de reflexión, el único silencio que no está permitido es aquel que se hace cómplice de la destructividad y del desamor.

 

 

 

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