Cinema Paradiso, por Patricia González Duarte

Paraíso es el nombre elegido -por un cura experto en la mercadotecnia- para la sala cinematográfica ubicada en el mejor lugar del pueblo, resulta ser tan adecuado y descriptivo de lo que sucede dentro de la sala a pesar de la censura, por ejemplo observamos que algunos sí llegan al paraíso, al jardín del edén donde dios hizo que los primeros amantes se encontraran, tal es el caso de la pareja que se enamora, cría y ve crecer a sus hijos al mismo tiempo que el cine va evolucionando, otro personaje, víctima de la venganza, que es asesinada quizá vaya al otro paraíso, al cielo de los arrepentidos.

Además, del sacerdote que censura los besos y las escenas escabrosas, Alfredo con otra sensibilidad, equilibra la balanza con su mirada, el gusto por las historias y por compartir, por ejemplo cuando da como regalo al pueblo, que no alcanzó lugar, la proyección de la película sobre las fachadas y también cuando con su dedicación y esmero despierta en Salvatore la vocación por el cine.

El público de aquel cine: los vigorosos enamorados, los niños embelesados por los héroes, los ricos del pueblo, los sucios y pobres, los de arriba y los de abajo, los de butacas y los de las bancas de madera, los que comen, los que fuman, los que chiflan, los que hablan y los que lloran catárticamente sus desgracias con la película, nos indican que la vida pasa no solo en la pantalla sino en la sala de cine, como manifestación cultural diversa y democrática.

Aunque en la película se puede encontrar una amplia gama de emociones, sucesos, y temas como la censura, la migración, la relación entre fantasía y realidad, la economía de la posguerra, la diferencia de clases, el amor, la violencia, la muerte etc., el hilo conductor de la trama en Salvatore son los recuerdos, naturalmente vivos en su interioridad y aparentemente encubiertos en cada uno de sus trabajos cinematográficos.

Es enormemente atractivo hablar de la relación apasionada que existe entre Alfredo y el pueblo por el cine, si consideramos los recuerdos como imágenes del pasado que se archivan en la memoria, o como una reproducción de algo anteriormente aprendido y vinculado con la experiencia, resulta ser que la relación entre cine y recuerdos, a través de las imágenes de las historias, son una relación “explosiva” tanto para los que hacen cine como para los espectadores.

Los primeros cuentan historias, capturan el movimiento, editan imágenes y seleccionan el sonido, los segundos -los espectadores- desempolvan o despiertan los recuerdos, sin resistencias, colocándonos en el allá y entonces se establece mediante los fenómenos de identificación y proyección, un juego de ida y regreso entre el pasado y el presente, entre la realidad y la fantasía, para que finalmente esos recuerdos queden bajo una edición corregida, aumentada, actualizada y elaborada de nuestras propias experiencias; y es por eso, entre otras razones, que el cine además de la facilidad para abrir consciencias tiene un altísimo y atractivísimo efecto terapéutico y pedagógico.

En cuanto a la música de una película el disfrute es doble, ambas (el cine y la música) al ser manifestaciones artísticas que ocurren en el tiempo parecen haber sido creadas la una para la otra, nunca estarán disociadas y tanto Ennio Morricone como Nino Rota, Strauss, Kubrick, Beethoven, Pink Floyd y temas como las de un Hombre y una mujer, Zorba el griego y hasta Fiebre de sábado en la noche, nos evocan algo.

El cine de todos los tiempos, sus historias y sus estrellas, han tenido impacto en las sociedades y sus costumbres, sirve para expresar y comunicar, en esta película con el incendio y la posterior demolición del edificio, desaparece la historia, la memoria cinematográfica del pueblo y entran a la modernidad, se expanden como negocio y ahora hay que llevar las latas de un pueblo a otro.

Esta situación provoca cierta perturbación en una sociedad en recuperación por las secuelas de la guerra, el fascismo y la economía, además de las fiestas, las misas, los velorios y el campo no había otra forma de diversión y es por eso que el pueblo se refugia en el cine como espacio público de convivencia, en la historia contada por la película.

El cine ha sido tocado también por elementos que lo han transformado, la mercadotecnia y la tecnología: más allá de la venta del tema musical, ahora las películas son una franquicia, para la venta de diferentes artículos relacionados con el tema incluyendo videojuegos, o pasan a tiendas de comida rápida que los promocionan.

Además de sus consecuencias para los derechos de autor y potencializando la economía subterránea; hoy a las películas se “les baja, se queman y se clonan”.

En cuanto a la tecnología, su influencia no solo ha cambiado la forma de hacer cine, la digitalización y los efectos especiales que hoy se logran han substituido a los “extras, a las maquetas y a los grandes escenarios naturales o ficticios” hoy se puede lograr un película dentro de la computadora de la oficina.

La experiencia de ver cine en el siglo XXI es diferente a la de generaciones anteriores, además de los costos de un boleto y de la situación socioeconómica, la Internet , la digitalización y el culto a la privacidad, permiten que una sola persona en cualquier lugar en que se encuentre y que tenga disponible una computadora, un I pod, o un teléfono de 3ª o 4ª generación, pueda, en una pantalla de menos de 5 centímetros cuadrados, tener su función personal.

Aunque la vida no es como en la película, en la actualidad en las salas de cine se conserva la expresión de las reacciones emocionales que la historia nos produce, risas nerviosas fuera de lugar, lágrimas escondidas, comentarios chuscos, densos silencios e incluso darse cuenta cuando alguien se retira; el cine es lo que se siente pero también lo que cuentan los demás, los argumentos están en el director, pero también a su alrededor y en el nuestro, las imágenes y la música viven en la memoria personal y colectiva.

El placer del cine, la experiencia viva de ver cine acompañado de otros, como cinéfila veo que comienza cuando las luces se apagan, los rituales, aunque han cambiado, son emocionantes, el público adopta la postura más cómoda, se concentra en la pantalla, se envía un mensaje, se realiza la última llamada o si se tiene suerte se desconectan los celulares y otros guardan silencio; la oscuridad, el silencio y la desconexión del mundo exterior igual que cuando dormimos, permiten con facilidad la entrada al mundo interior.

Esta situación cotidiana en las salas de cine como observadora participante me llevan a darme cuenta que diferentes personas en cuanto a gustos y condiciones socioculturales, se exponen con regularidad a la experiencia cinematográfica porque el cine desde su origen ha sido un arte que transformó y sedujo democráticamente a la sociedad, pues moldeó un espectador colectivo sin violentar otras diferencias.

En cuanto al proceso de crear una película o cualquier otra obra de arte, éste no se acaba sino hasta que llega al público que “la descubre”, y es solo en su relación con el público que empieza a existir de lo contrario se queda como una lata llena de película, un libro sin abrir, un sueño sin contar  y así es que sabiamente Alfredo le hace a Salvatore una nueva película con los recortes de la censura.

Cinema Paradiso no lo deja a uno indiferente, ha sido inevitable para mí, y creo que para ustedes también, ir a la par de Salvatore sacando recuerdos, así que permítanme citarles tres recuerdos infantiles de las primeras experiencias con el cine: A) Se añora a los inmensos cines llenos de estilo y encanto como el Diana, Palacio, Palacio Chino, Roble, Latino, Balmori, Ermita, Orfeón, Alameda, Opera y Chapultepec algunos de ellos desplazados por las multisalas pequeñas. B) Evocamos a las largas filas para acceder a una sola taquilla, de las matinés y las permanencias voluntarias, o de las kermeses y el cine al aire libre. C) O a los volantes, carteles pegados en los postes y marquesinas con sus foquitos anunciado la función, bueno recordar es vivir y creo que con Cinema Paradiso cada uno de nosotros encendió las luces y armó su película, al fin de cuentas la sabiduría popular dice que “el cine es mejor que la vida”.

Finalmente considero que esta película es un homenaje al cine, al placer de la mirada, al gusto de ver películas, al cine que se da a querer, al que entra por los oídos, al realizado por mujeres, el de ficciones y documentales, el que produce emociones y recuerdos, el que provoca el cine oriental o el cine de horror, el generado a partir de la literatura, el cine fantástico, y en general al cine como manifestación cultural. En este sentido solo me queda hacer hincapié que por segundo año consecutivo,  estamos  compartiendo de manera directa estas películas y los comentarios  de una forma que nos divierte, como juego y así transformamos nuestra forma de ver, escuchar y sentir que  compartimos con ustedes, que nos acompañan,  a  participar en una forma diferente del cine.

 

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